dijous, 25 d’agost de 2016

ARTICLE DE MANUEL REGUEIRO (ICOG) SOBRE EL TERRATRÈMOL D'ITÀLIA



Hoy, como ayer (en L’Aquila en 2009) contemplamos impotentes los devastadores efectos de un terremoto en el centro de Italia. Pero, ¿es que tiene Italia un riesgo sísmico extraordinario? ¿Por qué parece que pasan los años y la historia se repite?

La explicación es relativamente sencilla. Primero hay que entender que el riesgo sísmico es la combinación de la peligrosidad sísmica (posibilidad de que se produzcan terremotos en un determinado lugar), la exposición o posibilidad de que existan personas o cosas en esa zona y la vulnerabilidad de las personas y cosas que podrían estar expuestas a un terremoto en ese sitio.

Italia tiene una peligrosidad sísmica medio-alta (en base a la frecuencia e intensidad de los fenómenos sísmicos que padece), una exposición extremadamente alta (dada su densidad de población y el patrimonio histórico y monumental único en el mundo situado en las zonas de riesgo) y una vulnerabilidad altísima (debido a la fragilidad de los edificios, las infraestructuras y los centros productivos ahí localizados), lo que se resume en un elevado riesgo sísmico en términos de víctimas, daños a los edificios y costes directos e indirectos resultado de un posible terremoto.

Comparado con España, Italia tiene, en conjunto, un riesgo mucho mayor. Ambos países sufren el mismo entorno geotectónico de zona de colisión entre la placa africana y la euroasiática, que es el responsable de los terremotos españoles (Murcia, Alborán, Melilla, Málaga, Granada…) y los italianos (los Apeninos son la prueba geográfica de la colisión), y ambos cuentan con normativa antisísmica que regula la construcción de edificios e infraestructuras con el objetivo de proteger a la población de los terremotos. Pero las normas nada pueden hacer en el caso de edificios anteriores a las propias normas, como se ha visto en Italia. El terremoto además no vino antecedido de seísmos previos que hubieran permitido alertar a la población.

La norma española necesita una revisión, como demostró el reciente terremoto de Lorca. Los geólogos seguimos pidiendo su inmediata actualización con los conocimientos que ahora se tienen sobre el riesgo sísmico español.

Y, entonces ¿qué podemos hacer contra los terremotos? Pues estar preparados, disponer de un sistema de alerta temprana en coordinación con Protección Civil, hacer regularmente simulacros en poblaciones de riesgo, enseñar a los alumnos de los colegios y seguir haciendo ciencia. Sí, porque si alguna vez somos capaces de prevenir los terremotos, será porque la ciencia nos habrá mostrado el camino. Invertir en ciencia es salvar vidas y propiedades, incluso aunque ahora no pase nada, sobre todo ahora que no pasa nada.

Manuel Regueiro y González-Barros. Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Geólogos

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